sexta-feira, 30 de julho de 2010

BLANCA VARELA (1926-2009)



Blanca Varela nació el diez de agosto de 1926 en Perú, en el seno de una familia de escritores y artistas, hija de la famosa Serafina Quinteras.

En 1943 ingresó a la Universidad de San Marcos para estudiar Letras y Educación. Allí conoció a Sebastián Salazar Bondy, Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson, Francisco Bendezú y a quien sería su esposo: el pintor Fernando de Szyszlo. Asistía a la tertulia de Peña Pancho Fierro, dirigido por Alicia y Celia Bustamante y a partir de 1947 empezó a colaborar en la revista Las Moradas, que dirigía Westphalen.

En 1949 se radicó en Paris donde conoció a Octavio Paz, que fue determinante en su carrera literaria y la conectó con al círculo de intelectuales latinoamericanos y españoles radicados en Francia y a figuras de la talla de Sartre, Simone de Beauvoir, Michaux, Giacometti, Léger, Tamayo o Martínez Rivas.

Posteriormente vivió en Florencia. Entre 1957 y 1960 el matrimonio y sus hijos se instalaron en Washington D.C., donde Varela se dedicó a la traducción y el periodismo. Precisamente en 1957 Salazar Bondy y Alejandro Romualdo la incluyeron en su Antología general de la poesía peruana. De 1977 a 1979 Varela fue secretaria general del Centro Peruano del PEN Club Internacional, y en calidad de tal acude a los congresos de Hamburgo (1977), Estocolmo (1978) y Río de Janeiro (1979). De 1974 a 1997 representó en el Perú a la editorial mexicana Fondo de Cultura Económica. Además ha colaborado en numerosas revistas del Perú y el extranjero. 

Blanca Varela es una de las voces mayores de la lírica latinoamericana. Su poesía, trabajada con mucho rigor desde los primeros textos, tiene la altura y la intensidad de las mejores composiciones de sus pares femeninos: Gabriela Mistral o Juana de Ibarbourou. Alejada voluntariamente de todo lo que pueda ser reconocimiento literario, gloria u honor público Blanca Varela se ha mantenido en una cierta resistencia cultural, ética y estética, frente a dogmatismos de todo signo y de ello surgió una voz radicalmente moderna y abismalmente volcada en sus raíces. 

Falleció en 12 de marzo de 2009, a la edad de 82 años.

OCTAVIO PAZ LA DESCRÍBE ASÍ:

“Blanca Varela es una poetisa que no se complace en sus hallazgos ni se embriaga con su canto. Con el instinto del verdadero poeta sabe callarse a tiempo. Su poesía no explica ni razona. Tampoco es una confidencia. Es un signo, un conjuro frente, contra y hacia el mundo, una piedra negra tatuada por el fuego y la sal, el tiempo, la soledad. Y, también, una exploración de la propia conciencia. En sus primeros poemas, demasiado orgullosa (demasiado tímida) para hablar en nombre propio, el yo del poeta es un yo masculino, abstracto. A medida que se interna en sí misma –y, asimismo, a medida que penetra en el mundo exterior- la mujer se revela y se apodera de su ser. Cierto, nada menos "femenino" que la poesía de Blanca Varela; al mismo tiempo, nada más valeroso y mujeril: "Hay algo que nos obliga a llamar mi casa al cubil y mis hijos a los piojos". Poesía contenida pero explosiva, poesía de rebelión: "Los números arden. Cada cifra tiene un penacho de humo, cada número chilla como una rata envenenada…". Y en otro pasaje: "El pueblo está contento porque se le ha prometido que el día durará 25 horas. Esto es la inmortalidad." La pasión arde y se afila una frase que es, a un tiempo, un cuchillo y una herida: "Amo esta flor roja sin inocencia". (Octavio Paz)

OBRAS MÁS IMPORTANTES

Ese puerto existe (1959), Luz de día (1963), Valses y otras falsas confesiones (1972), Canto villano (1978), Camino a Babel – Antología (1986), Canto villano – Poesía reunida (1986), Poesía escogida 1949-1991 (1993), Del orden de las cosas (1993), Ejercicios materiales (1993), El libro de barro (1993), Canto villano (Poesía reunida, 1949-1994) (1986), Como Dios en la nada (Antología 1949-1998) (1999), Concierto animal (1999), El falso teclado (2001)

 


CANTO VILLANO

y de pronto la vida
en mi plato de pobre
un magro trozo de celeste cerdo
aquí en mi plato

observarme
observarte
o matar una mosca sin malicia
aniquilar la luz
o hacerla

hacerla
como quien abre los ojos y elige
un cielo rebosante
en el plato vacío

rubens cebollas lágrimas
más rubens más cebollas
más lágrimas

tantas historias
negros indigeribles milagros
y la estrella de oriente

emparedada
y el hueso del amor
tan roído y tan duro
brillando en otro plato

este hambre propio
existe
es la gana del alma
que es el cuerpo

es la rosa de grasa
que envejece
en su cielo de carne

mea culpa ojo turbio
mea culpa negro bocado
mea culpa divina náusea

no hay otro aquí
en este plato vacío
sino yo
devorando mis ojos
y los tuyos



Pintura de Nuno Ramos



A MEDIA VOZ

la lentitud es belleza
copio estas líneas ajenas
respiro
acepto la luz
bajo el aire ralo de noviembre
bajo la hierba
sin color
bajo el cielo cascado
y gris
acepto el duelo y la fiesta
no he llegado
no llegaré jamás
en el centro de todo
esta el poema intacto
sol ineludible
noche sin volver la cabeza
merodeo su luz
su sombra animal
de palabras
husmeo su esplendor
su huella
sus restos
todo para decir
que alguna vez
estuve atenta
desarmada

sola casi
en la muerte
casi en el fuego





AQUELLA TORTURADA NUBE...

V

Aquella torturada nube parecía tan firme,
ambulando,
desgarrando,
chocando con masas de ángeles.

Cóncava,
valva de nieve y soledad,
de trajín y música constante,
de arena, de resplandor
y fuga,
desierto etiope
en un tutti de gemidos
y sorpresa.

Tan exacta
sobre el laberinto de la pupila,
color perdido
de vieja misiva,
terrible silencio
de quien ha sacudido el aire
y conoce el vado de los sollozos.
Continuaba,
migradora,
llave del torbellino
como una gota pura
preñada de su propia existencia.






  Pintura de Geroco



ASÍ SEA

El día queda atrás,
apenas consumido y ya inútil.
Comienza la gran luz,
todas las puertas ceden ante un hombre
dormido,
el tiempo es un árbol que no cesa de crecer.

El tiempo,
la gran puerta entreabierta,
el astro que ciega.

No es con los ojos que se ve nacer
esa gota de luz que será,
que fue un día.

Canta abeja, sin prisa,
recorre el laberinto iluminado,
de fiesta.

Respira y canta.
Donde todo se termina abre las alas.
Eres el sol,
el aguijón del alba,
el mar que besa las montañas,
la claridad total,
el sueño.




Pintura de Manabu Mabe



AUVERS-SUR –OISE
 


Nadie te va a abrir la puerta. Sigue golpeando.
Insiste.
Al otro lado se oye música. No. Es la campanilla del
teléfono.
Te equivocas.
Es un ruido de máquinas, un jadeo eléctrico, chirridos,
latigazos.
No. Es música.
No. Alguien llora muy despacio.
No. Es un alarido agudo, una enorme, altísima lengua que
lame el cielo pálido y vacío.
No. Es un incendio.

Todas las riquezas, todas las miserias, todos los hombres,
todas las cosas desaparecen en esa melodía ardiente.
T ú estás solo, al otro lado.
No te quieren dejar entrar.
Busca, rebusca, trepa, chilla. Es inútil.
Sé el gusanito transparente, enroscado, insignificante.
Con tus ojillos mortales dale la vuelta a la manzana, mide
con tu vientre turbio y caliente su inexpugnable

redondez.
Tú, gusanito, gusaboca, gusaoído, dueño de la muerte y
de la vida.
No puedes entrar.Dicen.





 




STRIP - TEASE

Quítate el sombrero
si lo tienes
quítate el pelo
que te abandona
quítate la piel
las tripas los ojos
y ponte un alma
si la encuentras



Pintura de Beatriz Milhazes



A ROSE IS A ROSE

inmóvil devora luz
se abre obscenamente roja
es la detestable perfección
de lo efímero
infesta la poesía
con su arcaico perfume



 


 Pintura de Manabu Mabe




CURRICULUM VITAE


digamos que ganaste la carrera
y que el premio
era otra carrera
que no bebiste el vino de la victoria
sino tu propia sal
que jamás escuchaste vítores
sino ladridos de perros
y que tu sombra
tu propia sombra
fue tu única
y desleal competidora.
 




Pintura de Francis Bacon




LECCIÓN DE ANATOMÍA

más allá del dolor y del placer la carne
inescrutable
balbuceando su lenguaje de sombras y brumosos
colores

la carne convertida en paisaje
en tierra en tregua en acontecimiento
en pan inesperado y en miel
en orina en leche en abrasadora sospecha
en océano
en animal castigado
en evidencia y en olvido

viendo la carne tan cerrada y distante
me pregunto
qué hace allí la vida simulando

el cabello a veces tan cercano
que extravía alojo en su espesura
las bisagras silenciosas cediendo
lagrimeando tornasol
y esa otra fronda inexplorada
en donde el tacto confunde
el día con la noche
fresca hermosa muerte a la mitad del lecho
donde los miembros mutilados retoñan
mientras la lengua gira como una estrella
flor de carne carnívora
entre los dientes de carbón

ah la voz gangosa entrecortada dulcísima del amor
saciándote saciándose saboreando el ciego bocado

los mondos los frágiles huesecillos del amor
ese fracaso ese hambre
esa tristeza futura
como el cielo de una jaula
la tierra gira
la carne permanece
cambia el paisaje
las horas se deshojan
es el mismo río que se aleja o se acerca
tedioso espejo con la misma gastada luna de yeso
que se esponja hasta llenar el horizonte
con su roñosa palidez

merodean las bestias del amor en esa ruina
florece la gangrena del amor
todavía se agitan las tenazas elásticas
los pliegues insondables laten

reino de ventosas nacaradas
osario de mínimos pájaros

primavera de suaves gusanos agrios
como la bilis materna

más allá del dolor y del placer
la negra estirpe
el rojo prestigio
la mortal victoria de la carne

domingo, 25 de julho de 2010

DRUMMOND & PESSOA

          Obra de Ron Mueck, escultor hiper-realista australiano

Dois poetas precisos e preciosos, capazes de respirar poemas no ritmo pesado de um mundo que nos esmaga. Assustador o cansaço quando nos invade e nos ocupa com pretensões eternas, assumindo o comando do desmonte de nossas motivações. Um vento que sopra gestos de deserção em pelos e poros. 

O cansaço com ar de superioridade e olímpica indiferença, fantasma que traz a sua mobília escura e apodrecida para os aposentos íntimos, vedando até as áreas de escape. O cansaço com a capa de chumbo de seu peso lançada como capuz sobre o nosso rosto. O cansaço como a palavra que guarda a prostração infame, o curvar-se ao inevitável,  o apagamento dos sonhos. 

Os dois poemas agarraram o meu domingo pelos cabelos e espremeram meus limites. Amanhã eu renasço, porém hoje fui capturado pela teia insidiosa da exaustão absoluta.


O QUE HÁ EM MIM É SOBRETUDO CANSAÇO

Fernando Pessoa

O que há em mim é sobretudo cansaço  ‒
Não disto nem daquilo,
Nem sequer de tudo ou de nada:
Cansaço assim mesmo, ele mesmo,
Cansaço.

A subtileza das sensações inúteis,
As paixões violentas por coisa nenhuma,
Os amores intensos por o suposto em alguém,
Essas coisas todas  ̶
Essas e o que faz falta nelas eternamente  ̶ ;
Tudo isso faz um cansaço,
Este cansaço,
Cansaço.

Há sem dúvida quem ame o infinito,
Há sem dúvida quem deseje o impossível,
Há sem dúvida quem não queira nada ‒
Três tipos de idealistas, e eu nenhum deles:
Porque eu amo infinitamente o finito,
Porque eu desejo impossivelmente o possível,
Porque eu quero tudo, ou um pouco mais, se puder ser,
Ou até se não puder ser...

E o resultado?
Para eles a vida vivida ou sonhada,
Para eles o sonho sonhado ou vivido,
Para eles a média entre tudo e nada, isto é, isto...
Para mim só um grande, um profundo,
E, ah com que felicidade infecundo, cansaço,
Um supremíssimo cansaço.
Íssimo, íssimo, íssimo,
Cansaço...

(In: Poemas. Seleção e introd. de Cleonice Berardinelli. Rio de janeiro: Nova Fronteira, 1985, p. 112-113.)


A HORA DO CANSAÇO

Carlos Drummond de Andrade

As coisas que amamos,
as pessoas que amamos
são eternas até certo ponto.
Duram o infinito variável
no limite de nosso poder
de respirar a eternidade.

Pensá-las é pensar que não acabam nunca,
Dar-lhes moldura de granito.
De outra matéria se tornam, absoluta,
Numa outra (maior) realidade.

Começam a esmaecer quando nos cansamos,
e todos nos cansamos, por um ou outro itinerário,
de aspirar a resina do eterno.
Já não pretendemos que sejam imperecíveis.
Restituímos cada ser e coisa à condição precária,
rebaixamos o amor ao estado de utilidade.

Do sonho de eterno fica esse gosto acre
Na boca ou na mente, sei lá, talvez no ar.

(In: Corpo, 8ª. ed., Rio de Janeiro: Record, 1986, p. 39-40)

quinta-feira, 22 de julho de 2010

FERNANDO PESSOA


Fernando Pessoa é um poeta cuja importância não se limita ao universo da literatura portuguesa nem ao contínuo fluxo de inspiração no qual os poetas brasileiros muitas vezes foram buscar seiva e vigor. A obra do poeta de Mensagem vai muito além das margens do rio de uma aldeia portuguesa ou da correnteza do Tejo – legou-nos autênticas caravelas poéticas que inscreveram novos caminhos na sensibilidade humana.

Há uma passagem muito conhecida de sua carta a João Gaspar Simões em que se define como poeta dramático: “O ponto central da minha personalidade como artista é que sou um poeta dramático; tenho, continuamente, em tudo quanto escrevo, a exaltação íntma do poeta e a despersonalização do dramaturgo. Voo outro – eis tudo”.

A concepção dramática da poesia pessoana gira em torno do eu do poeta, cindido ou multiplicado em “outros”, os heterônimos, dotados de biografia e visão de mundo próprias, num jogo ficcional no qual a arte é o espaço sem fronteiras entre revelação e fingimento, por isso pode assumir um tom multiconfessional de natureza contraditória, frequentemente, no campo do paradoxo.

Alberto Caeiro é a manifestação de uma opção filosófica implícita na negatividade da visão de Fernando Pessoa: a descrença na possibilidade de, pela razão, compreender o mundo. Todavia, em lugar de tal verificação conduzir ao desencanto ou ao desespero, leva à aceitação tácita da realidade. O mundo existe, está aí, basta senti-lo, uma vez que “há metafísica bastante em não pensar em nada”, e mesmo porque não há o que indagar.

Ricardo Reis é talvez a aceitação, apesar do pensamento. Para Caeiro, existir é um fato maravilhoso por si mesmo, e o mundo, que dispensa explicações, não terá tido nem começo nem terá fim, ou pelo menos não importa sabê-lo. Já Ricardo Reis sabe que o tempo passa e a vida é breve, porém isso não o perturba.

Álvaro de Campos não tem nem a tranquilidade saudável de Caeiro nem a indiferença olímpica de reis: ele é sôfrego, ávido, passional. O que mais pesa nele é a sensorialidade, a sensualidade, o corpo. Se não se ilude quanto à inutilidade de tudo, tampouco se nega à força da realidade que lhe faz vibrar os nervos.

Poeta cuja leitura produz simultaneamente perplexidade e maravilhamento, Pessoa deixou-nos um código poético avesso a certezas, à coerência e à classificação simplista. Em seus textos, que vivem acima das posições salazaristas, ocultistas, reacionárias, narcisistas ou olímpicas do poeta, podemos ler, na ausência de centro, na fragmentação do eu, na multiplicidade de visões, a pulverização das verdades, a polifonia do descentramento da subjetividade, a irrupção de uma poesia que desestabiliza qualquer tentativa de catalogação e enquadramento. 

Já cobrado por alguns visitantes (inconformados talvez com o meu total descompromisso com roteiros ou grandezas), posto alguns poemas sem erigi-los necessariamente em meus prediletos. Aliás, acredito que os leitores de Pessoa ora se aproximam mais de um pseudônimo, ora voltam-se para outros. Há épocas em que alguns poemas nos martelam incessantemente, em outras ocasiões nos apaixonamos por outras composições. Poetas que acompanham nossas vidas têm os seus textos reescritos por nossas experiências existenciais. Às vezes deles nos apartamos, porém, quando são realmente grandes, voltamos sempre à corrente de suas palavras insuperáveis.

 






POEMAS


FERNANDO PESSOA, ele mesmo


Pobre velha música!

Pobre velha música!
Não sei por que agrado,
Enche-se de lágrimas
Meu olhar parado.

Recordo outro ouvir-te.
Não sei se te ouvi
Nessa minha infância
Que me lembra em ti.

Com que ânsia tão raiva
Quero aquele outrora!
E eu era feliz? Não sei.
Fui-o outrora agora.






Autopsicografia


O poeta é um fingidor.
Finge tão completamente
Que chega a fingir que é dor
A dor que deveras sente.

E os outros que leem o que escreve,
Na dor lida sentem bem,
Não as duas que ele teve,
Mas só a que eles não têm.

E assim nas calhas da roda
Gira, a entreter a razão,
Esse comboio de corda
Que se chama coração.


























Eros e Psique

...E assim vedes, meu Irmão, que as verdades que vos foram dadas no                          
Grau de Neófito, e  aquelas que vos foram dadas no Grau de Adepto
Menor, são, ainda que opostas, a mesma verdade.

   RITUAL DO GRAU DE MESTRE DO ÁTRIO
   NA ORDEM TEMPLÁRIA DE PORTUGAL

Conta a lenda que dormia
Uma Princesa encantada
A quem só despertaria
Um Infante, que viria
De além do muro da estrada.

Ele tinha que, tentado,
Vencer o mal e o bem,
Antes que, já libertado,
Deixasse o caminho errado
Por o que à Princesa vem.

A Princesa Adormecida,
Se espera, dormindo espera.
Sonha em morte a sua vida,
E orna-lhe a fronte esquecida,
Verde, uma grinalda de hera.

Longe o Infante, esforçado,
Sem saber que intuito tem,
Rompe o caminho fadado.
Ele dela é ignorado.
Ela para ele é ninguém.

Mas cada um cumpre o Destino –
Ela dormindo encantada,
Ele buscando-a sem tino
Pelo processo divino
Que faz existir a estrada.

E, se bem que seja obscuro
Tudo pela estrada fora,
E falso, ele vem seguro,
E, vencendo estrada e muro,
Chega onde em sono ela mora.

E, inda tonto do que houvera,
À cabeça, em maresia,
Ergue a mão, e encontra hera,
E vê que ele mesmo era
A Princesa que dormia.


DE ALBERTO CAEIRO





XX

O Tejo é mais belo que o rio que corre pela minha aldeia,
Mas o Tejo não é mais belo que o rio que corre pela minha aldeia
Porque o Tejo não é o rio que corre pela minha aldeia.

O Tejo tem grandes navios
E navega nele ainda,
Para aqueles que veem em tudo o que lá não está,
A memória das naus.

O Tejo desce de Espanha
E o Tejo entra no mar em Portugal.
Toda a gente sabe isso.
Mas poucos sabem qual é o rio da minha aldeia
E para onde ele vai
E donde ele vem.
E por isso, porque pertence a menos gente,
É mais livre e maior o rio da minha aldeia.

Pelo Tejo vai-se para o Mundo.
Para além do Tejo há a América
E a fortuna daqueles que a encontram.
Ninguém nunca pensou no que há para além
Do rio da minha aldeia.

O rio da minha aldeia não faz pensar em nada.
Quem está ao pé dele está só ao pé dele.




XXXIX

O mistério das coisas, onde está ele?
Onde está ele que não aparece
Pelo menos a mostrar-nos que é mistério?
Que sabe o rio disso e que sabe a árvore?
E eu, que não sou mais do que eles, que sei disso?
Sempre que olho para as coisas e penso no que os homens pensam delas,
Rio como um regato que soa fresco numa pedra.

Porque o único sentido oculto das coisas
É elas não terem sentido oculto nenhum,
É mais estranho que todas as estranhezas
E do que os sonhos de todos os poetas
E os pensamentos de todos os filósofos,
Que as coisas sejam realmente o que parecem ser
E não haja nada que compreender.

Sim, eis o que os meus sentidos aprenderam sozinhos: ‒
As coisas não têm significação: têm existência.
As coisas são o único sentido oculto das coisas.



DE RICARDO REIS




As roas amo dos jardins de Adônis

As rosas amo dos jardins de Adônis,
Essas volucres amo, Lídia, rosas,
            Que em o dia em que nascem,
            Em esse dia morrem.
A luz para elas é eterna, porque
Nascem nascido já o sol, e acabam
            Antes que Apolo deixe
            O seu curso visível.
Assim façamos nossa vida um dia,
Inscientes, Lídia, voluntariamente
            Que há noite antes e após
            O pouco que duramos.






















Para ser grande, sê inteiro, nada

Para ser grande, sê inteiro: nada
            Teu exagera ou exclui.
Sê todo em cada coisa. Põe quanto és
             No mínimo que fazes.
Assim em cada lago a lua toda
             Brilha, porque alta vive.



DE ÁLVARO DE CAMPOS



 



















Todas as cartas de amor são ridículas

Todas as cartas de amor são
Ridículas.
Não seriam cartas de amor se não fossem
Ridículas.

Também escrevi em meu tempo cartas de amor,
Como as outras,
Ridículas.

As cartas de amor, se há amor,
Têm de ser
Ridículas.

Mas, afinal,
Só as criaturas que nunca escreveram
Cartas de amor
É que são ridículas.

Quem me dera no tempo em que escrevia
Sem dar por isso
Cartas de amor
Ridículas.

A verdade é que hoje
As minhas memórias
Dessas cartas de amor
É que são
Ridículas.

(Todas as palavras esdrúxulas,
Como os sentimentos esdrúxulos,
São naturalmente
Ridículas.)






Poema em linha reta

Nunca conheci quem tivesse levado porrada.
Todos os meus conhecidos têm sido campeões em tudo.

E eu, tantas vezes reles, tantas vezes porco, tantas vezes vil,
Eu tantas vezes irresponsavelmente parasita,
Indesculpavelmente sujo,
Eu, que tantas vezes não tenho tido paciência para tomar banho,
Eu, que tantas vezes tenho sido ridículo, absurdo,
Que tenho enrolado os pés publicamente nos tapetes das etiquetas,
Que tenho sido grotesco, mesquinho, submisso e arrogante,
Que tenho sofrido enxovalhos e calado,
Que quando não tenho calado, tenho sido mais ridículo ainda;
Eu, que tenho sido cômico às criadas de hotel,
Eu, que tenho sentido o piscar de olhos dos moços de fretes,
Eu, que tenho feito vergonhas financeiras, pedido emprestado sem pagar,
Eu, que, quando a hora do soco surgiu, me tenho agachado
Para fora da possibilidade do soco;
Eu, que tenho sofrido a angústia das pequenas coisas ridículas,
Eu verifico que não tenho par nisto tudo, neste mundo.

Toda a gente que eu conheço e que fala comigo
Nunca teve um ato ridículo, nunca sofreu enxovalho,
Nunca foi senão príncipe – todos eles príncipes – na vida...

Quem me dera ouvir de alguém a voz humana
Que confessasse não um pecado, mas uma infâmia;
Que contasse, não uma violência, mas uma cobardia!
Não, são todos o Ideal, se os oiço e me falam.
Quem há neste largo mundo que me confesse que uma vez foi vil?

Ó príncipes, meus irmãos,

Arre, estou farto de semideuses!
Onde é que há gente no mundo?

Então sou só eu que é vil e errôneo nesta terra?

Poderão as mulheres não os terem amado,
Podem ter sido traídos – mas ridículos nunca!
E eu, que tenho sido ridículo sem ter sido traído,
Como posso eu falar com os meus superiores sem titubear?
Eu, que tenho sido vil, literalmente vil,
Vil no sentido mesquinho e infame da vileza.


DE MENSAGEM





Mar português

Ó mar salgado, quanto do teu sal
São lágrimas de Portugal!
Por te cruzarmos, quantas mães choraram,
Quantos filhos em vão rezaram!
Quantas noivas ficaram por casar
Para que fosses nosso, ó mar!

Valeu a pena? Tudo vale a pena
Se a alma não é pequena.
Quem quer passar além do Bojador
Tem que passar além da dor.
Deus ao mar o perigo e o abismo deu,
Mas nele é que espelhou o céu.