segunda-feira, 27 de julho de 2015

John Ashbery

Colagem de John Ashbery e Guy Maddin



























Poema de John Ashbery  pirateado do excelente blog Acontecimentos, de Antonio Cícero (http://antoniocicero.blogspot.com.br/), autor desta tradução em parceria com Wally Salomão.




Que é a poesia


A cidade medieval, com frisa
De escoteiros de Nagoya? A neve

Que veio quando queríamos que nevasse?
Belas imagens? Tentar evitar

Ideias, feito neste poema? Mas
Voltamos a elas como a uma esposa, largando

A amante que desejamos? Agora
Terão que acreditar

Como acreditamos. Na escola
O pente fino tirou todo pensamento:

O que sobrou era feito uma planície.
Feche os olhos, para senti-la por milhas em torno.

Abra-os agora num caminho estreito e vertical.
Ela talvez nos dê – o que? – algumas flores em breve?


What Poetry Is


The medieval town, with frieze
Of boy scouts from Nagoya? The snow

That came when we wanted it to snow?
Beautiful images? Trying to avoid

Ideas, as in this poem? But we
Go back to them as to a wife, leaving

The mistress we desire? Now they
Will have to believe it

As we believed it. In school
All the thought got combed out:

What was left was like a field.
Shut your eyes, and you can feel it for miles around.

Now open them on a thin vertical path.
It might give us--what?--some flowers soon?


In: ASHBERY, John. "Houseboat days". In: Selected poems. New York: Penguin, 1986.


domingo, 26 de julho de 2015

Diana Bellessi













Cuatro poemas de Diana Bellessi



He construido un jardín...

He construido un jardín como quien hace
los gestos correctos en el lugar errado.
Errado, no de error, sino de lugar otro,
como hablar con el reflejo del espejo
y no con quien se mira en él.
He construido un jardín para dialogar
allí, codo a codo en la belleza, con la siempre
muda pero activa muerte trabajando el corazón.
Deja el equipaje repetía, ahora que tu cuerpo
atisba las dos orillas, no hay nada, más
que los gestos precisos
dejarse ir para cuidarlo
y ser, el jardín.
Atesora lo que pierdes, decía, esta muerte
hablando en perfecto y distanciado castellano.
Lo que pierdes, mientras tienes, es la sola compañía
que te allega, a la orilla lejana de la muerte.

Ahora la lengua puede desatarse para hablar.
Ella que nunca pudo el escalpelo del horror
provista de herramientas para hacer, maravilloso
de ominoso. Sólo digerible al ojo el terror
si la belleza lo sostiene. Mira el agujero
ciego: los gestos precisos y amorosos sin reflejo
en el espejo frente al cual, la operatoria carece
de sentido.

Tener un jardín, es dejarse tener por él y su
eterno movimiento de partida. Flores, semillas y
plantas mueren para siempre o se renuevan. Hay
poda y hay momentos, en el ocaso dulce de una
tarde de verano, para verlo excediéndose de sí,
mientras la sombra de su caída anuncia
en el macizo fulgor de marzo, o en el dormir
sin sueño del sujeto cuando muere, mientras
la especie que lo contiene no cesa de forjarse.
El jardín exige, a su jardinera verlo morir.
Demanda su mano que recorte y modifique
la tierra desnuda, dada vuelta en los canteros
bajo la noche helada. El jardín mata
y pide ser muerto para ser jardín. Pero hacer
gestos correctos en el lugar errado,
disuelve la ecuación, descubre páramo.
Amor reclamado en diferencia como
cielo azul oscuro contra la pena. Gota
regia de la tormenta en cuyo abrazo llegas
a la orilla más lejana. I wish you
were here amor, pero sos, jardinera y no
jardín. Desenterraste mi corazón de tu cantero.





























Ekstasis
   
Moverme en lo abierto
como lo hace el cazador
   
 bañar y silbar como el viento
en lo abierto
   
como la roca en el torrente y la piedra
en el granizo y el mosquito
   
con sus ojos abiertos
solamente a ello y nada más
   
en lo abierto
de una forma impensada
   
sin ver
ya nada, ya nada
    























Son los gingo…

Son los gingo bilova
árboles muy antiguos
descubiertos en la China
a fines del último siglo
Fósiles los llaman
porque vienen de un tiempo
donde todo se ha perdido
¿Perdido? En el denso corazón
de la tierra duermen
marcas de las formas idas
Diseños impresos en las rocas
y rica la materia
orgánica donde duerme,
se disuelve lo que ha vivido
Los gingo, les decía
son árboles gigantes
que crecen lentos y coronan
de bellas hojas
vueltas de oro cuando al otoño
entran. Arbol de los mil escudos
le llamaron. Una raíz
pivotante entrando casi
al centro de la tierra
y el aspecto, de bebé, simple
como la frágil envergadura de un poroto

El gingo se multiplica en dos:
macho y hembra. Sólo la hembra
en su diadema de flores
genera frutos. Redondos y pequeños
un tinte anaranjado
e intenso
olor tienen los frutos. Su pepita adentro
acorazando, la semilla capaz
de atravesar las edades
Usted puede verlos:
hay dos especímenes
adultos en el Jardín
Botánico de Buenos Aires
Cuando declina el verano
la pulpa de los frutos amarillea
y después, caen sobre la tierra despidiendo
su olor intenso

Los gingos son ahora
reclamados por los dueños
de los parques, mas no la hembra
Sólo machos inoloros se demandan
Así, los viveros injertan una vara
macho
sobre todo bebé. Ingeniería
genética. Excluida la hembra al fin:

¿un fósil se hará de un árbol?























Robin Hood

¿Lleva cerrojo la boca del sueño?
Seguir es fatigoso, voluntad
vuelta deseo no es lo mismo, creo,
que el aire incandescente donde ver
vuelve al deseo anhelo, compromiso
solamente de no caer, grosera
gravedad del pensamiento que empuja
a tierra la manzana, ¿la ves allí?,
en la punta de su rama, cintila
la sustancia plena y modelada
en su peso justo orlada del brillo
que le da la pertenencia. Decir:
copa del manzano, brazos donde ir
sin transición del sueño a la página,
abolida intemperie de la imagen
que reclama, siempre, una coherencia
como precio del peaje, soñar
en vigilia es tejer el hilo roto,
ver la boca del hambre, el mordisco,
la manzana y trasladar el abrazo
a nuestro brazos, compromiso en
despertar temprano. Pertenencia




terça-feira, 21 de julho de 2015

Heiner Müller (1929/1995)















O Pai

Gostava que o meu pai tivesse sido um tubarão
e despedaçado quarenta pescadores de baleias
(e eu aprendido a nadar no seu sangue)
a minha mãe uma baleia azul o meu nome Lautréamont
falecido em paris
incógnito em 1871




Jorge Luis Borges













Heráclito

por Jorge Luis Borges

Heráclito camina por la tarde
De Éfeso. La tarde lo ha dejado,
Sin que su voluntad lo decidiera,
En la margen de un río silencioso
Cuyo destino y cuyo nombre ignora.
Hay un Jano de piedra y unos álamos
Se mira en el espejo fugitivo
Y descubre y trabaja la sentencia
Que las generaciones de los hombres
No dejarán caer. Su voz declara:
Nadie baja dos veces a las aguas
Del mismo río. Se detiene. Siente
Con el asombro de un horror sagrado
Que él también es un río y una fuga.
Quiere recuperar esa mañana
Y su noche y la víspera. No puede.
Repite la sentencia. La ve impresa
En futuros y claros caracteres
En una de las páginas de Burnet.
Heráclito no sabe griego. Jano,
Dios de las puertas, es un dios latino.
Heráclito no tiene ayer ni ahora.
Es un mero artificio que ha soñado
Un hombre gris a orillas del Red Cedar,
Un hombre que entreteje endecasílabos
Para no pensar tanto en Buenos Aires
Y en los rostros queridos. Uno falta.