RAÚL ZURITA






Raúl Zurita Canessa, nascido em 10 de fevereiro de 1950, em Santiago, é um dos mais importantes poetas chilenos contemporâneos. Filho de mãe italiana, o idioma de Dante foi praticamente a sua primeira língua, colocando-o logo frente à leitura fundamental d’A Divina Comédia, presença cuja intensidade pode ser percebida em seu primeiro livro: Purgatório. Estudou no Liceo Lastarria, formou-se em Engenharia Civil pela Universidad Técnica Federico Santa Maria de Valparaíso. Obteve bolsa da Fundação Guggenheim e atuou como professor de Literatura na Universidade da Califórnia.

Após o golpe militar ficou preso em um barco, experiência refletida em sua obra, na qual aparece sob a forma de uma concepção da literatura como a possibilidade de falar e criar depois da dor e da tortura, durante as quais as palavras ficam emudecidas.

Na década de 70 provocou polêmica com gestos extremados, como queimar o próprio rosto e tentar cegar-se, atitudes com as quais tentou expressar a impotência frente à realidade e a necessidade de dizer sem palavras. Zurita chegou a masturbar-se em público, porém sempre fez questão de afirmar o seu distanciamento do universo performático.

Realizou inúmeras “acciones de arte”, como escrever poemas no céu de New York com fumaça lançada por aviões; no deserto do Chile gravou o verso “ni pena ni medo”, que pode ser lido do alto, a bordo de uma aeronave.

Sobre esses fatos, o autor afirmou, em entrevista ao Correio Braziliense, há alguns anos atrás (21/06/2003).

“Em maio de 1975, em um ato de absoluto desespero, queimei minha cara, minha maçã do rosto, com um ferro em brasa durante o banho. Estava só. Soube depois que essa era minha primeira palavra. Ali começou algo que terminou 20 anos mais tarde escrevendo uma frase sobre o deserto do Aacama a cicatriz da maçã do rosto que abre o primeiro livro, Purgatório, seria depois as 15 frases traçadas em 1982 sobre o céu de Nova York com aviões e vapor branco, fotografadas no livro Anteparaíso. Quis cegar-me porque sabia que o seu traçado seria infinitamente mais belo dentro de mim. Não pude. Dez anos mais tarde tracei sobre o deserto de Atacama a frase “nem pena nem medo”, que tem cinco quilômetros. Uma extensão que somente pode ser vista de certa altura. Essa frase encerra o último livro, A vida nova. A superfície perfurada no deserto, a linha das letras, eram semelhantes, absolutamente semelhantes, à marca de minha cara. Um amigo me chamou a atenção para isso. Foi forte. Ambas, a cicatriz e as escrituras no deserto foram sendo borradas. Sobre o deserto há uma palavra que não borrou e, ao que parece, isso não acontecerá: é a palavra ‘medo’”.

Foi Adido Cultural do Chile na Itália, durante o governo de Patrício Aylwin. Atualmente reside no Chile.

Graças a uma bolsa da Fundación Andes esteve dois anos no sul do Chile, entre Temuco e Coyhaqique: ali escreveu mais um livro de poesia, cujos protagonistas são os rios chilenos. Relacionou-se também com poetas mapuches e a com cultura indígena.

Reconhece como um de seus mestres o poeta Juan Luis Martinez, com o qual conviveu durante o tempo que permaneceu em Valparaíso.

Sua obra já foi traduzida para vários idiomas – inglês, francês, alemão, russo, sueco, grego, árabe. Não sei de nenhum livro de Zurita lançado no Brasil. Caso alguém saiba, mesmo em antologia com outros poetas, agradeço me informar.

“Todo grande artista, todo grande poeta é vanguardista. Ele mostra ao mundo um olhar que o mundo não conhecia. É como olhar de uma maneira, nova, como se não via antes” (Depoimento do poeta na mesma entrevista citada acima).

PRINCIPAIS OBRAS

- Purgatorio, 1979.
- Anteparaíso, 1982.
- Canto a su amor desaparecido, 1985.
- El amor de Chile, 1987.
- La vida Nueva, 1994.
- Poemas militantes, 2003.
- INRI, 2004.
- Los países muertos, 2006.
- Poemas de amor, 2007.




MICROANTOLOGIA


GUÁRDAME EN TI

Amor mío: guárdame entonces en ti
en los torrentes más secretos
que tus ríos levantan
y cuando ya de nosotros
sólo que de algo como una orilla
tenme también en ti
guárdame en ti como la interrogación
de las aguas que se marchan
Y luego: cuando las grandes aves se
derrumben y las nubes nos indiquen
que la vida se nos fue entre los dedos
guárdame todavía en ti
en la brizna de aire que aún ocupe tu voz
dura y remota
como los cauces glaciares en que la primavera
desciende.


INSCRIPCIÓN 178

Te hablan ahora las rompientes de tu vida
Te cuentan de las falsas Itacas,
del naufrágio en costas remotas
de tu cansancio doblándote hacia las olas
Te dicen que más allá está el final
de la tierra
que allí el mar se derrumba, que tu mar
amado se derrumba y que los barcos
nunca há vuelto
Te hablan enm tu propia noche los temores

Que suenen entonces como algo que se
despierta estos poemas
Como algo que está em ti, como algo que cruce el
Mar y se despierta.






LOS NUEVOS PUEBLOS

Y era tu cara el borde de estos
cielos,
el manto mío de las estrellas.
Al mirar hacia arriba no vi nada
sino tu permanencia, las pinturas
de tu rostro, la deriva de tus
antepasados
inundando las altas nubes. Esos
son los ríos que se abren.
En otro tiempo fuimos encontrados
y ya vivimos en las primeras células,
en los abismos de los mares,
en las primitivas danzas que el
asombro
le ofreció al fuego.

Por eso somos ríos que se abren,
brazos, cauces, torrentes arrojados
de un água única y primigenia.
Nada se diferencia de lo que somos
y nada de lo que es está fuera de
nosotros.
Tú resumes las viejas tribus, las
cacerías,
los primeros valles sembrados
y mi sed recoge en ti toda la saga de
este mundo. No son mitos,
el mito es la mentira:
que só existimos una vez,
que cada uno es sólo uno.
Todos viven en ti y tú vives.
Las olas del tiempo inmemorial
y las estrellas.
Oh si manto mío de mis estrellas;
la noche te habla antes de sucumbir
al día, las grandes batallas perdidas,
el pasto de los antiguos clanes y de
las tribus
remontando por nuestros cursos el
corazón
de los caminos del corazón y tus
tocadas praderas.




EL DESIERTO DE ATACAMA IV

I. El Desierto de Atacama son puros pastizales
II. Miren a esas ovejas correr sobre los pastizales del desierto
III. Miren a sus mismos suemos balar allá sobre esas pampas infinitas
IV. Y si no se escucha a lãs ovejas balar em el Desierto de Atcama
nosotros somos entonces los pastizales de Chile para que em todo el
espaio em todo el mundo em toda la pátria se escuche ahora el balar
e nuestras propias almas sobre esos desolados desiertos miserables


ANTEPARAÍSO

III

Allá va la que fue mi amor, qué más podría decirle
si ya ni mis gemidos conmueven
a la que ayer arrastraba su espalda por las piedras.
Pero hasta las cenizas recuerdan cuando no era
nadie y aún están los muros contra los que llorando
aplastaba su cara mientras al verla
la gente se decía “Vámonos por otro lado”
y hacían un recodo sólo para no pasar cerca de ella
pero yo reparé en ti,
sólo yo me compadecí de esos harapos
y te limpié las llagas y te tapé, contigo hice agua
de las piedras para que nos lavárarmos
y el mismo cielo fue una fiesta cuando te regalé
los vestidos más lindos para que la gente te respetára.

Ahora caminas por las calles como si nada de esto
hubiese en verdad sucedido
ofreciéndote al primero que pase
Pero yo no me olvido
de cuando hacían un recodo para no verte
y aun tiemblo de ira ante quienes riendo te decían
“ponte de espalda” y tu espalda se hacía un camino
por donde pasaba la gente
Pero porque tampoco me olvido del color del pasto
cuando me querías ní del azul
del cielo acompañando tu vestido nuevo
perdonaré tus devaneos
Apartaré de ti mi rabia y rencor
y si te encuentro nuevamente, en ti me iré amando
incluso a tus malditos cabrones.

Cuando vuelvas a quererme
y arrepentida los recuerdos se te hayan hecho ácido
deshaciendo las cadenas de tu cuello
y corras emocionada a abrazarme
y Chile se ilumine y los pastos relumbren.

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